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El que nada debe, nada teme

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La cultura de Facebook ha sido una constante en la que la experimentación, la prueba, el error y el aprendizaje han marcado la pauta de la red social y las compañías que han adquirido y proyectos que han desarrollado en el tiempo.

Su fundador Mark Zuckerberg ha predicado un lema ya famoso en Silicon Valley y resto del mundo: “muévete rápido y rompe cosas”. Parte de moverse rápido y romper cosas es integrar a las compañías en la cultura de Facebook. Una vez adentro, aún con las típicas promesas de “nada cambiará” y “todo será para bien”, se avanza en la dirección que mejor le parece al Zuck (como lo llama Scott Galloway) y su equipo. Incluso aún cuando a los fundadores de Instagram se les prometió que su cultura y forma de trabajo se mantendría intacta, éste no fue el caso, provocando la salida de ambos de sus fundadores entre comunicados de prensa y rumores en el mercado.

Con estos antecedentes, ¿nos sorprende que ahora se cambien las reglas del juego para quienes utilizamos Whatsapp? La respuesta es no, de hecho desde finales del 2018 se empezó a hablar del beta en donde Facebook probaría monetizar sus audiencias, cuando era algo que “tampoco iba a suceder”.

La privacidad de los datos ha sido un tema candente desde hace años, más con la puesta en marcha oficial del GDPR en Europa en mayo del año pasado y la propuesta de ley de transparencia de datos (que sigue en planeación) en Chile. Sin embargo, debemos considerar que Whatsapp es propiedad de Facebook, cuyo modelo de negocio es la monetización de sus audiencias, y por supuesto de su valiosa data. ¿Y qué puede ser más valioso que la hipersegmentación que es posible realizar a través del business manager y sus capas tecnológicas? Cruzarlo con un verdadero conocimiento de esas audiencias; no sólo con aquel que uno declara como información personal en su página, o cuando sube una foto, da un like o hace un comentario que posiblemente esté sesgado por el rol que juega uno como persona en ese espacio; sino los cruces con conversaciones reales que identifiquen el momento y contexto actual por el que pasa una persona en su trabajo, su vida amorosa, y otros ámbitos. Esto es oro puro servido en bandeja de plata, tanto para los anunciantes (sean productos, servicios, marcas o políticos) como para los gobiernos y entidades financieras.

Por otro lado, ¿es esto realmente tan malo? Muchos dirán que sí, pero la realidad es que cuando uno se da un tiempo a pensarlo, los que usamos esta app obtenemos mucho a cambio: conectividad con amigos y colegas del trabajo, generación de comunidades, y además se abre la posibilidad de que deje de llegarnos publicidad no relevante para nosotros. Recordemos que, en un mundo totalmente conectado, más data significa una mejor experiencia a la larga. Por otro lado, la realidad es que muy pocas personas estarían dispuestas a pagar una anualidad por el uso de WhatsApp para no recibir anuncios.

Sin duda los cambios pueden parecer incómodos a simple vista, pero debemos tener en cuenta que tenemos opciones:

a) no aceptarlo y dejar de utilizar estas apps, lo cual conlleva un alto costo pues esto implicaría hacer que toda tu comunidad cambie a Telegram u otra de menos penetración, y que salgan de Facebook. Incluso para este último muchos lo han hecho, pero… ¿a dónde se fueron? ¡A Instagram! Que, por cierto, es de Facebook.

b) aceptarlo y, aunque no nos parezca, seguir utilizando whatsapp.

c) aceptarlo en su totalidad pues es el costo de poder estar conectados con nuestra comunidad.

Cualquiera que sea nuestra decisión lo importante es saber que hay opciones y depende de nosotros elegir la que mejor nos convenga. Lo importante es tener claro el costo que tiene, y de última, ¿qué puede ser tan grave? ¿qué tenemos que esconder? ¿por qué razón a una persona cualquiera le podría interesar que sus conversaciones queden encriptadas? Esto, es algo que sólo uno mismo puede responder.

Por Fabián Baldovinos, Chief Operating Officer de Reprise