El Turismo del Vino en Chile

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Entendido como: “El conjunto de actividades turísticas y recreativas en un destino vitivinícola” (OTV UTAL, 2017) el Turismo del Vino, Turismo Enológico o simplemente “Enoturismo” representa en la actualidad un subsector vitivinícola de extraordinario interés, tanto por su capacidad para generar ingresos adicionales a las viñas, como asimismo, por sus efectos multiplicadores en el conjunto de las cadenas de valor de las economías locales y regionales de un destino turístico en formación.

Según el Catastro Anual del Turismo del Vino de la Universidad de Talca, en la actualidad existen en nuestro país 119 viñas que ofrecen servicios turísticos de manera regular, lo que representa un crecimiento de un 21,6% promedio interanual durante el último trienio, y un 65% de incremento respecto de la última medición oficial del sector, correspondiente al año 2013. A este número se suman ocho mil empresas que actualmente operan servicios enoturísticos en los valles vitivinícolas del país, entre las que destacan los agencias y operadores, restaurantes y hoteles.

Este mismo estudio señala que durante el último año, los ingresos percibidos por este subsector, por concepto de visitas pagadas y venta en tiendas ascienden a los US $51.3 MM. Por otro lado, la demanda de este tipo de servicios crece a una tasa interanual del 25%. De esta manera, durante el año pasado las viñas turísticas del país registraron un total de 941.325 visitas pagadas, un 76% por sobre la última medición.

El desarrollo del Enoturismo está pasando a ser un negocio cada vez más importante para las viñas, aun cuando el porcentaje de éstas no llega al 25% del total existente en el país. No obstante, este número continuará en alza, toda vez que más chilenos se animan a visitar las bodegas y viñedos del país. En este sentido, del total de visitas pagadas registradas durante el año 2017, solamente el 30% corresponde a visitantes nacionales, predominando los turistas brasileños con un 45% del total, seguido por los estadounidenses, ingleses, franceses y chinos en menor medida.

Asimismo aumenta la especialización y sofisticación con que un número creciente de viñas está abordando la oferta, incorporando un conjunto de iniciativas, las que van desde las tradicionales catas y paseos, hasta otras más innovadoras, tales como canopy, talleres de cocina y variadas experiencias de naturaleza. Así, el sector ofrece más de 100 alternativas distintas de tours, los que en promedio tienen una duración de casi una hora y un precio de $14.000 por persona. De este número, además de las alternativas en español, el 83% de las viñas ofrece tours en inglés, 30% en portugués y 20% en francés.

Con todo lo anteriormente expuesto, aún quedan grandes desafíos pendientes para el sector, tales como la profesionalización del capital humano. En la actualidad, sólo el 45% de los trabajadores del sector poseen algún tipo de formación en turismo, mientras que el 70% domina el inglés y sólo uno de cada cuatro guías habla el portugués de manera fluida. El chino aún no aparece en las estadísticas de ningún estudio serio al respecto.

Otra importante brecha que se debe enfrentar son los bajos salarios: Mientras que los jefes de turismo obtienen un promedio de $760.000 líquidos por mes, los guías cuentan con una remuneración de $443.000 y los vendedores de las tiendas una cifra de $405.000 mensuales. De este universo, el 55% son mujeres cuya edad promedio es de 33 años, la mayor parte jefas de hogar. Esta importante participación femenina del empleo asalariado, casi diez puntos porcentuales por sobre el promedio nacional, es un elemento significativo a destacar y seguir potenciando.

Con respecto a los valles, Maipo lidera el número de viñas turísticas con un 26% del total de la oferta, seguido de Colchagua con un 15% y Casablanca con 13%. Muy por debajo se ubican los demás enodestinos, los que en suma llegan al 46% restante.

Problemáticas comunes y diversas a la vez son las que tendrán que afrontar dichos valles del vino en los próximos años, de la mano del desarrollo empresarial en primer término, y el apoyo del Estado y las universidades en fina sintonía con los requerimientos de vanguardia del sector.

Por Gonzalo Rojas / Director de VINIFERA y del Observatorio del Turismo del Vino