Un atrevimiento muy poderoso

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Extraña época donde un pequeño video o 140 caracteres juzgan las intenciones del corazón. Tiempos abiertos y democráticos promulgan algunos, de exhibicionismo y “trolleadura” exhalarán otros. Como sea que fuese, son tiempos metamórficos, hipersensibilizados, turbointeractivos y también, como diría un flagelado y flagelante poeta guatemalteco: camuflajeados.

Lasswell, Shannon y el propio McLuhan, si estuviesen vivos, serían un caldo interminable de memes, extraídos desde sus expresiones de pavor frente a las fractalidades de la comunicación moderna, un manojo de fenómenos y cambios que nos han llevado desde la dispersión de las lenguas en Babel, hasta la jerigonza de emojis con que centennials comparten sus emociones; en clave, por si los padres andan cerca.

Para los románticos que usan agenda de cuerina con semana a la vista o confeccionan recados amontonando Post-it en el refrigerador, el ejercicio vital de conectarse con el mundo les es cada vez más complejo. Un evidente contraste, con lo simple que les resulta interactuar a los nacidos al alero de las pantallas touch o para aquellos que sorpresivamente han decidido saltar de su crisol generacional de papel a la vorágine presente del pixel…

¿O no don Andrónico? usted sin duda ha sorprendido a Chile por completo. Haciendo una pirueta magistral e inesperada para alguien que no es nativo del mundo digital. Desde su video explicativo-comportamental hasta los tweets aceptando invitaciones a tomar once y pasando por sus libros de obsequio, se ha dado maña para remecer a una audiencia sumida en la desidia, acostumbrada a la farandulilla y a bloques deportivos llenos de fútbol. Y de paso con su maniobra, se ha ganado un posicionamiento que don Eliodoro no posee y que don Anacleto nunca tuvo.

Muchos se preguntan qué hay detrás de esto: ¿estrategia? ¿revelación? ¿declaración de identidad? Lo que fuese necesitará tiempo para cuajar, todavía el barbecho está blando y hay demasiado ruido, sobre todo de los que cultivan resentimientos con los hombres ricos y el empresariado. Consistencia podría ser la palabra clave, si me permite opinar don Andrónico, aunque de hecho usted va muy bien, pues se le ve más que cómodo y comprometido en su rol twittero. El calibre de sus intervenciones y respuestas confirmarían que se lo está tomando muy en serio.

Por este motivo quisiera ser atrevido con usted. Me he propuesto a través de esta columna hacer un experimento-socio-trans-medial, por llamarlo de alguna forma. Pero antes, comentarle un hecho precedente. A través de la ventana que Bulb! me otorga, he venido difundiendo en mis columnas de opinión algunas luchas fundamentales con lo que considero uno de los temas más importantes y mal entendidos para el desarrollo de nuestro país: la Creatividad.

En síntesis, sostengo que Chile jamás avanzará a una cultura y posicionamiento económico de mayor relevancia, si no se toma en serio la necesidad de generar políticas e iniciativas reales que produzcan y potencien la Creatividad como herramienta que permee todas las capas del desarrollo nacional, desde la educación primaria hasta la formas en que se hace investigación. Los países que han invertido en capital creativo han alcanzado mejores grados de igualdad económica y social. En la práctica se requiere discusión, proyectos, métodos, inversión, gestores y líderes que incentiven y promuevan la producción de ideas originales, viables y útiles.

Usted don Andrónico tuvo la suya; irrumpir desde las redes sociales para que nadie lo interprete, para que nadie fuese intermediario de las 5W que quería transmitir, potente maniobra; el ser usted mismo, de imagen, puño y letra, y desde ahí expresar con una abrumadora honestidad y sin subestimación alguna a sus interlocutores, que usted, aunque poderoso, es igual a todos los que en conjunto hacemos Chile.

Entonces, como la responsabilidad es suya, mía y de quienes nos leen; cada uno en su escala y capacidades, me siento conminado a preguntarle: ¿Qué ha reflexionado el hombre de Quiñenco, de Alto Maipo, de Canal 13, del Everest, el empresario de grandes ideas y que se ha rearmado a sí mismo en estas extrañas épocas digitales, respecto a cómo fomentar, utilizar y potenciar la CREATIVIDAD como motor para la generación de cambios duraderos y poderosos? Sin duda debe tener ideas al respecto, y por favor, no me diga que estos son desafíos pendientes o materia de I+D (concepto bastante difuso). De esto ya tenemos muuucha opinión y poooca acción.

 

ESCALA MACIMÉTRICA

 

¡HURRAS Y VÍTORES!:

Para don Andrónico, en el caso de que responda a esta columna. Les cuento en el próximo número de Bulb!

 

CHAPÓ:

Para todos los que luchan, promueven y se desgarran por desarrollar la creatividad como preeminente asunto en sus vidas. (Banksy, Ken Robinson, Eduard de Bono, Chris Hadfield, Ted Sarandos, Spike Jonze, Jonathan Ive… pronto escribiré acerca de mi “Dream List”. Pero adelanto que Ricardo Arjona no va).

 

OKEY… APROBADO:

Para don Andrónico, en el caso de que no responda a esta columna. Estaría en todo su derecho. La coerción es ilegítima y molesta a todos, incluso a los hombres poderosos.

 

MAOMETANO, NO MORE:

Para todos los que creen que el individuo creativo es el payaso de la oficina, el responsable de cábulas truculentas o el encargado de organizar cumpleaños. A veces pasa, pero no siempre.

 

SOPA DE NATRE:

Para todos los que asumen que a los demás se les debe ocurrir siempre algo y no a ellos. Síndrome del bribón acéfalo.

 

TUMOR YODA:

Para los imitadores, “guatones copiones” o embusteros que se refocilan en las creaciones ajenas sin dar crédito a sus autores. Simple flojera.

 

YOGURT DE AJO:

Para todos los que, creyéndose originales, usan el irrespeto en las redes sociales para atacar, burlar o descalificar las opiniones de sus interlocutores, sean Andrónicos, Juanes, Pedros o Macieles.

 

Maciel Campos