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Entrevista a Alfredo Saralegui, gerente general de ALTOCONCEPTO

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ALTOCONCEPTO, volviendo a las raíces de la sastrería

ALTOCONCEPTO es una tienda especializada en venta de prendas de vestir y accesorios para hombres que tiene como precepto principal volver a la comunicación interpersonal con el cliente, hacer de la compra de una prenda una experiencia y lograr la satisfacción total.

Actualmente cuenta con dos tiendas en Santiago, una en Concepción, Los Ángeles, Viña del Mar y una en Montevideo, Uruguay.

Alfredo Saralegui, uruguayo, es la cabeza de ALTOCONCEPTO. Llegó a Chile el año 2001, unos días después de la caída de las Torres Gemelas. “Cuando ocurre ese evento y en los días posteriores nadie quería subirse a un avión, trabajaba como gerente comercial en una importante fábrica de confecciones en Uruguay que abastecía a varios países de la región, siempre había querido venir a Chile y para mí fue la oportunidad para decir yo voy, ya que era un mercado que había que atender con prioridad”, cuenta Saralegui quien al pisar nuestro país se dio cuenta que su vínculo con Chile no sería esporádico. Así han pasado más de 20 años y hoy comercializa sus dos marcas, Florenzi y Guarnieri, tanto a nivel mayorista como minorista en sus tiendas.

¿Cómo nace ALTOCONCEPTO?

En aquel tiempo, la sastrería en Chile se manejaba principalmente en las grandes tiendas como un producto más. Fue cuando vi que lo que faltaba era inyectarle el sentido del servicio a ese producto, porque en la sastrería la mitad es producto y la otra mitad es lo intangible, la calidad de la atención, saber escuchar, es el servicio como valor agregado. Es cuando la persona se mira al espejo, cuando se prepara para una ocasión importante y uno nota que ha logrado la satisfacción del cliente.

En Chile comenzamos con el diseño, producción, importación y distribución de nuestros productos de las marcas Florenzi y Guarnieri, enfocándonos en las pequeñas y medianas cadenas de tiendas, aquellas que siempre habían estado cerca del cliente brindando asesoría. Luego, y siempre de la mano con nuestra vocación de servicio, decidimos abrir nuestras propias tiendas, mancomunando los conceptos de excelencia y satisfacción del cliente.

¿Cuál es el sello distintivo?

Lo nuestro pasa por volver a las raíces, por volver a la comunicación interpersonal. Es un negocio contra cíclico porque el gran retail tiene otra concepción, es parte de otro modelo muy respetable pero que en esas grandes estructuras es muy difícil poder desarrollar plenamente el servicio hacia el cliente. Sin embargo, el traje es un producto que hay que sentirlo en el cuerpo, tocar la tela, sentir el calce. Por eso la sastrería es un rubro que no tiene un gran despliegue comercial por internet y debe permanecer por un buen tiempo anclada en los viejos preceptos del comercio, del estar frente a frente, de la experiencia de cómo el cliente percibe, cómo siente uno de nuestros trajes.

¿Cómo es el consumidor chileno en el rubro de la sastrería?

En los últimos años el hombre ha cambiado, ya que se ha empoderado de su imagen y tiene mucho más claro lo que busca, se preocupa de que su look esté acorde a su identidad y nosotros tenemos que interpretar y entender para poder brindar lo que la persona está buscando.

Nosotros asesoramos en el área para todas las formas de masculinidad, en mas de una oportunidad hemos atendido clientes mujeres que dicen quiero vestirme como un hombre, nosotros interpretamos lo que busca, lo que está sintiendo y cuando se ven finalmente al espejo, se emocionan y nos agradecen enormemente ya que fuimos parte de un momento importante en su vida.

Eso habla de lo diversa que puede ser hoy una clientela y cómo, cuando hay dedicación y esmero, uno puede hacer su aporte, ya se trate de un profesional que quiere lucir excelente en sus reuniones, un deportista que debe asistir a un evento, un novio que sabe que será el centro de la atención o simplemente una persona que solo busca verse renovada, ya sea con un look formal o casual.

¿Cuál ha sido la clave del éxito?

Entendiendo que hay un 50% que es el producto en sí, el otro 50% es lo intangible, que tiene que ver con el asesoramiento y la experiencia del cliente. Muchas veces el cariño que le tenemos a una prenda que vestimos pasa por la experiencia que tuvimos al momento de comprarla, el producto nos encantó por si mismo pero también nos gustó por cosas que no son perceptibles, por la atención del vendedor, el entorno que lo rodeaba y es ahí donde nosotros hacemos el hincapié, en darle ese valor agregado y lo estamos logrando, estamos por el camino correcto.

Otro ingrediente fundamental para quienes quieren emprender o ya se han embarcado en ello es la perseverancia. Si no eres perseverante y constante en lo que buscas, es difícil lograrlo, hay que entender que hay momentos buenos como también de los otros y la clave está en no bajar los brazos. Formar equipos sólidos y unidos y ser conscientes que hay momentos en que solo dependemos de nosotros mismos.

Me encanta cuando en nuestro medio aparecen jóvenes con iniciativas, dispuestos a enfrentar desafíos, dispuestos a innovar y ser creativos, ya que son los que construirán el Chile del futuro y creánme que siempre hay campos donde desarrollarse y crecer.

Por Francisca Puga / Fotos: Alejandro Arias (KARONTE)