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La primera víctima

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Se atribuye a Esquilo, el antiguo dramaturgo griego, la autoría original de la famosa máxima: “La primera víctima en una guerra es la verdad”. Sentencia que cobra una significativa relevancia a la luz de los eventos actuales en el Medio Oriente.

La proliferación de noticias falsas es uno de los fenómenos más patentes en la era de la democratización de las herramientas digitales de comunicación. Lo que alguna vez fue dominio exclusivo de los grandes medios, ahora está al alcance de cualquier individuo con una computadora y un programa de diseño, convirtiéndolos en potenciales propagadores de falacias virtuales que a menudo son difíciles de desacreditar. A esto se suma la creciente irrupción de la inteligencia artificial, lo que resulta en una maraña de información cruzada en la que hechos reales y embustes descarados se entrelazan en una red en la que cada bando elige su versión más conveniente de los eventos.

La actual confrontación entre Israel y Hamás no es una excepción a esta dinámica de “realidades contrapuestas”. Aunque hay hechos irrefutables provenientes de diversas fuentes que señalan a la facción islámica que controla Gaza como los perpetradores primigenios de un ataque devastador en territorio judío, sería ingenuo y erróneo no reconocer que el gobierno israelí también hará todo lo posible para echar agua a su propio molino en el tratamiento de la información, ya que después de todo, está en juego su propia supervivencia.

A lo largo de la historia, se han realizado numerosos estudios para comprender por qué los seres humanos están dispuestos a eliminar a otros a cualquier costo. Los resultados, en última instancia, son perturbadoramente simples: aquellos que tienen los recursos para aplastar a sus adversarios en el plano económico, ideológico o racial, lo hacen sencillamente porque pueden. Desde figuras históricas como Atila hasta caudillos como Pol Pot, ya sea enarbolando la hoz o la esvástica, la historia está plagada de ejemplos.

La guerra, en su esencia, siempre ha comenzado en el ámbito de la propaganda, con engaños monumentales, argumentos falaces y estrategias deleznables. La violencia incuba y expele lo peor de las motivaciones humanas, escaramuzas que siempre invaden los  territorios del alma, antes de migrar al mundo visible.

Lo más triste de que la verdad sea la primera víctima en cualquier conflicto es que, inmediatamente después, se cuentan millones de vidas en la fila.

Por Maciel Campos / Director Escuela de Publicidad y Relaciones Públicas UDLA