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Luchando por no ser erradicados de la memoria colectiva (‘damnatio memoriae’)

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Hace poco me encontré sumergido en las páginas de la historia, y leía sobre un castigo que fue considerado uno de los más severos y temidos en el pasado: el “damnatio memoriae”. En la antigua Roma, este castigo consistía en erradicarte por completo del recuerdo colectivo. Todo rastro de tu existencia se borraba: textos, registros, pinturas. Como si nunca hubieras existido.

Y, para colmo, estaba terminantemente prohibido hablar de ti, incluso si habías sido alguien tan poderoso como un emperador.

El impacto de tal castigo no era solo la desaparición física, sino la aniquilación completa de tu legado, historia y contribuciones. Se te arrancaba de la narrativa de la humanidad.

Probablemente, en este siglo XXI completamente intercomunicado y en donde cada ser humano tiene la posibilidad de ser un medio de comunicación, una decisión tan drástica es imposible concretarla a cabalidad en todas partes y a lo largo del tiempo. Por ejemplo, algunos países cuando cortan las conexiones de sus ciudadanos a internet en momentos de movimientos sociales que ponen en jaque a sus gobiernos, pero el resto del mundo tiene registros que hablan de una historia que no podemos borrar.

Al revés, marcas y seres humanos buscamos no ser erradicados de esa memoria colectiva. Las personas, principalmente jóvenes y adolescentes, caen en desgracia o se sienten parias si no pertenecen a grupos en redes sociales, con lo bueno (sociabilización, nuevas amistades, pertenencia a grupos de interés específicos) y lo malo (bullying, funas justas e injustas) que ello conlleva.

Ahora, traslademos esto al mundo del marketing y de las marcas: ¿Qué sucedería si tu marca sufre algo parecido a un damnatio memoriae? ¿Si de la noche a la mañana, por un acontecimiento particular que desacredite un determinado producto o servicio, tu marca desaparece del corazón y la mente de tus consumidores? Es una idea aterradora, ¿verdad?

El storytelling de las marcas es nuestra herramienta más poderosa para evitar un destino similar o cercano al bullying marcario. Es a través de nuestras historias que las marcas se vuelven relevantes, memorables y, sobre todo, humanas. Una marca con una historia sólida y continua es una marca que permanece viva, relevante y conectada con sus audiencias.

Asimismo, crean una coraza sólida contra un ataque sorpresivo de ‘damnatio memoriae’.

Para evitar riesgos, aun en momentos de debilidad (por bajo presupuesto, malas decisiones comunicacionales, competencia vivaz que sorprende, etc), la historia de una marca no debe tener fin; debe ser infinita, siempre evolucionando y adaptándose, pero manteniendo su esencia y propósito claros. En tiempos de desvarío, tener esto último claro, puede ser el cable a tierra que evite la partida de la marca al injusto ostracismo de los corazones del consumidor.

Así que, te invito a reflexionar: ¿Tu marca tiene una historia que merece ser contada, una que siga siendo relevante para las generaciones futuras? Si aún no la tiene, es el momento de empezar a escribirla. Y si ya la tiene, asegúrate de que nunca termine.