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Power Story

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Una joven nada tranquilamente en un inmenso y calmo océano, todo parece ir bien hasta que repentinamente se comienzan a escuchar dos notas musicales provocadas por una tuba (instrumento viento-metal) que de manera alternada van cambiando, de menos a más, generando un suspenso nunca antes visto. Quizás de manera escrita no puedas imaginarlo, pero si te digo que esa composición musical creada por John Williams en el año 1975 para una película de Steven Spielberg generó que muchas personas no volvieran a meterse a un mar en años, de seguro que de inmediato vendrá a tu mente la película Tiburón.

Sin embargo, no todo fue maravillas para Spielberg, quien al momento del rodaje tuvo muchos problemas con la producción y con el tiburón mecánico que no parecía real, lo que estuvo a punto de hacer que la película fuese todo un fracaso. Por eso, Steven Spielberg, junto con sus guionistas, reescribieron muchas de las escenas desde cero, para darle poder al factor humano y esconder al tiburón (físicamente hablando), generando un terror y amenaza psicológica que hasta el día de hoy tienen a Tiburón entre una de las películas más exitosas de Hollywood y una de mis películas favoritas. Spielberg no cambió la temática de la película, solo cambió la forma de contar la historia. ¿Qué nos enseña esto? Que en una historia es más poderoso insinuar algo que mostrarlo literalmente, porque el poder de una historia viene de lo que no vemos, es decir, de nuestra imaginación.

Ahora bien, muchos de los relatos fracasan por un exceso de copia de la realidad y por la arrogancia de quien construye la historia, que a veces no es capaz de ceder a la simpleza para darle realce a la historia, porque una historia simple es la que puede convertirse en una “Power Story”. De hecho el mismo Spielberg lo reconoció al decir que Tiburón “pasó de ser una película de terror japonés de una matinée de sábado a algo más del tipo Hitchcock”. Por eso, la escuela Hitchcock plantea que mientras menos ves, más tienes un thriller.

Pero no solamente fue el quitarle el protagonismo al tiburón físico lo que hizo que la película se transformase en una “Power Story”, sino darle importancia a otros elementos que en la idea original de Spielberg estaban en segundo plano como: la actuación de los personajes, el guión, la música y el suspenso. Esto nos deja una segunda enseñanza, que una historia es poderosa cuando los ingredientes que la componen funcionan mejor en un todo, que de manera individual.

Ahora bien, el factor sorpresa es otro elemento que hace que tu historia se pueda convertir en una “Power Story”, siendo de vital importancia que “un storyteller sea un maestro del arte del enigma y la adivinanza”, tal como nos plantea Guillaume Lamarre en su libro Storytelling como estrategia de comunicación. Por eso, a la hora de construir un relato debemos dejarnos guiar por nuestra propia historia y dejarnos sorprender, según palabras de Lamarre. Y esa sorpresa solo es posible si nuestra historia está bien construida y bien contada, solo así cautivaremos a los demás. Lisa Cron es clara al decir en su libro Enganchados a los Cuentos que “el placer que nos produce una historia bien narrada es la forma que tiene la naturaleza de cautivarnos para que le prestemos atención”.

Sin embargo, el suspenso y la sorpresa deben conducir a algo, en sí, hacer que la persona que está escuchando, viendo o leyendo una historia se sienta cómplice de principio a fin, manejando la ansiedad (qué es un proceso neurológico), manejando la intriga (que es un proceso secuencial), manejando el suspenso (que es un proceso emocional) y finalmente manejando el misterio (que es un proceso intelectual), porque una persona siempre querrá saber todo sobre tu relato porque “la mente existe para predecir lo que pasará a continuación”. (Brian Boyd, On the Origin of Stories).

Lógicamente, hay muchos otros factores que hacen que una historia sea poderosa, lo importante es que tengamos en cuenta que no se trata de llegar y contar una historia, porque si esa historia carece de poder, se olvidará a la vuelta de la esquina, en cambio una “Power Story” perdurará en el tiempo y quizás para siempre”.

Por Claudio Seguel