Inteligencia artificial: acelerar los procesos sin renunciar al pensamiento crítico

Hoy parece difícil encontrar una conversación sobre negocios, mercado o futuro en la que la inteligencia artificial no esté presente. Es una tecnología que llegó para quedarse y que ya forma parte de nuestra manera de trabajar, buscar información, analizar datos, crear contenidos y tomar decisiones.

En marketing, a nivel latinoamericano, por ejemplo, su adopción es prácticamente universal. De acuerdo con HubSpot (2026), en su estudio ¿Qué está pasando con la IA y los agentes en el marketing de LATAM?, el 100% de los 1205 profesionales encuestados declara utilizar IA, mientras que un 61% trabaja bajo modelos híbridos, combinando personas y agentes de inteligencia artificial. Sin embargo, hay un dato especialmente revelador, el 57% declara dedicar más tiempo a corregir lo que produce la IA que a crear con ella.

Este dato es extremadamente relevante porque da indicios de que estamos incorporando inteligencia artificial para ser más eficientes, pero la incorporación de tecnología no se traduce automáticamente en una mayor productividad. Acelerar no significa necesariamente mejorar. Quizás ese sea uno de los principales desafíos de esta nueva etapa: aprender a utilizar la IA como un potenciador de nuestras capacidades y no como un sustituto de nuestro criterio.

Una IA puede entregar una respuesta convincente y, aun así, estar equivocada. Puede construir un argumento perfectamente redactado a partir de una premisa incorrecta, interpretar una correlación como causalidad, reproducir sesgos presentes en los datos o completar información que desconoce y cuanto más convincente resulte su respuesta, mayor puede ser el riesgo de aceptarla sin cuestionarla. Es precisamente en ese punto donde el criterio humano se vuelve fundamental.

Por eso, hay capacidades humanas que adquieren todavía más valor en un entorno cada vez más apoyado en la inteligencia artificial:

  • El criterio, para formular las preguntas correctas y construir un buen prompt.
  • La experiencia, para interpretar adecuadamente el contexto.
  • La capacidad de análisis, para distinguir lo relevante de lo accesorio.
  • La intuición, para detectar inconsistencias y cuestionar aquello que no parece coherente.
  • La creatividad, para conectar elementos que aparentemente no tienen relación y explorar nuevas posibilidades.
  • La empatía, para comprender a las personas y las necesidades que hay detrás de cada decisión.
  • La ética, para discernir qué se debe hacer y qué límites no deben cruzarse.
  • La responsabilidad, para asumir las consecuencias de las decisiones tomadas.

La investigación de Lee et al. (2025), publicada en las actas de la conferencia CHI 2025, aporta evidencia relevante para esta reflexión. A partir de un estudio con 319 trabajadores del conocimiento y 936 ejemplos de uso de IA en el trabajo, los autores encontraron que una mayor confianza en estas herramientas se asociaba con un menor ejercicio del pensamiento crítico. Asimismo, observaron que el uso de IA desplazaba parte de ese esfuerzo hacia tareas como verificar información, integrar respuestas y supervisar los resultados generados.

Esto plantea un cambio sustancial en la naturaleza del trabajo. Si la inteligencia artificial asume cada vez más tareas rutinarias, nuestro desafío no debería ser pensar menos, sino pensar mejor, cuestionar más y desarrollar la capacidad de evaluar críticamente aquello que la tecnología nos entrega.

Esta reflexión adquiere una dimensión adicional cuando observamos lo que ocurre en nuestro entorno. El Termómetro de Salud Mental ACHS-UC, cuyos resultados fueron difundidos por The Clinic en octubre de 2026, mostró que un 18,5% de la población presentaba sospecha o presencia de problemas de salud mental, el nivel más alto registrado en cuatro años. Además, un 23,3% de las personas declaró sentirse altamente estresada ante la posibilidad de que la automatización o la inteligencia artificial afectaran su estabilidad laboral.

Estos antecedentes nos recuerdan que la conversación sobre IA no puede reducirse a productividad, eficiencia o reducción de costos. También debemos hablar de las personas, de sus inquietudes y de cómo las acompañamos en la transformación de su trabajo. Entender para qué utilizar estas herramientas, cuándo incorporarlas y cuándo es preferible no hacerlo son preguntas tan relevantes como aprender a manejarlas.

Porque a medida que aumenta nuestra capacidad tecnológica, también debería aumentar nuestra capacidad de cuestionarla. Esto implica preguntarnos: ¿de dónde proviene este dato?, ¿cómo puedo verificarlo?, ¿qué información puede estar faltando?, ¿qué supuestos está considerando?, ¿qué sesgos puede contener?, ¿tiene sentido en este contexto? Y quizás una de las preguntas más importantes sea, ¿necesito realmente que la IA tome esta decisión o necesito que me ayude a tomarla mejor?

Ahí radica la diferencia entre utilizar la inteligencia artificial y depender de ella. Utilizarla de manera consciente puede ampliar las capacidades de las personas, las empresas y las organizaciones. Depender de ella sin criterio, en cambio, puede debilitar nuestra autonomía, limitar nuestra capacidad de análisis y comprometer la calidad de nuestras decisiones.

Por eso, una de las competencias que deberíamos desarrollar con mayor urgencia no es solamente aprender a escribir mejores prompts o dominar nuevas herramientas. Es fortalecer el pensamiento crítico y, al mismo tiempo, preguntarnos cómo cultivarlo en las generaciones que vienen. ¿Cómo enseñamos a cuestionar, contrastar fuentes, reconocer sesgos y construir un juicio propio en un mundo donde las respuestas están cada vez más disponibles y parecen cada vez más convincentes?

La inteligencia artificial puede ser uno de los mayores aceleradores de productividad, creatividad y conocimiento de nuestra época. Sin embargo, su verdadero valor dependerá de nuestra capacidad para utilizarla con propósito, criterio y responsabilidad.

Porque en un mundo donde producir respuestas será cada vez más fácil, saber qué preguntas vale la pena formular, qué respuestas debemos cuestionar y qué decisiones corresponde tomar seguirá siendo una capacidad profundamente humana.

Por Karla Quintero / Gerente Comercial & Research Megatime

Referencias

HubSpot. (2026). ¿Qué está pasando con la IA y los agentes en el marketing de LATAM? https://offers.hubspot.es/reporte-ia-marketing-latam-2026

Lee, H.-P., Sarkar, A., Tankelevitch, L., Drosos, I., Rintel, S., Banks, R., & Wilson, N. (2025). The impact of generative AI on critical thinking: Self-reported reductions in cognitive effort and confidence effects from a survey of knowledge workers. En Proceedings of the 2025 CHI Conference on Human Factors in Computing Systems (Artículo 1121, pp. 1–22). Association for Computing Machinery. https://doi.org/10.1145/3706598.3713778

Mardones, C. (2026, 5 de octubre). Salud mental en Chile alcanza su peor nivel en cuatro años: Insomnio, depresión y miedo a la IA marcan la pauta. The Clinic. https://www.theclinic.cl/2026/10/05/salud-mental-en-chile-alcanza-su-peor-nivel-en-cuatro-anos-insomnio-depresion-y-miedo-a-la-ia-marcan-la-pauta/