Cuando dos de los grandes “planetas” de la industria deciden orbitar juntos, el mapa completo cambia.
Eso es exactamente lo que está ocurriendo con la fusión entre Omnicom e Interpublic Group (IPG): un movimiento valorado por la prensa especializada en torno a los US$ 13.500 millones, que da origen al mayor holding publicitario del mundo, con ingresos combinados que superan los US$ 25.000 millones, según el comunicado oficial de Omnicom. No es una noticia más de negocios. Es una señal muy clara de hacia dónde se mueve el marketing global, cómo se redistribuye el poder y qué espacio queda para los mercados emergentes, las agencias independientes y los modelos más humanos de comunicación.
En noviembre de 2025 se hizo efectiva la adquisición, tras todas las aprobaciones regulatorias, incluida la de la Comisión Europea. La operación se cerró en un rango estimado entre US$ 9 y US$ 13,5 mil millones, según la fuente y el momento de cotización. El nuevo grupo supera los US$ 25 mil millones en facturación anual, ubicándose por encima de gigantes como Publicis y WPP. Y, como suele ocurrir en estos movimientos, el proceso vino acompañado de una noticia dura: miles de desvinculaciones a nivel global.
En términos de marcas, también estamos presenciando un cambio de época. Redes históricas como DDB, FCB y MullenLowe dejan de existir como entidades globales independientes para integrarse en estructuras más grandes, quedando McCann, BBDO y TBWA como las tres grandes redes creativas bajo Omnicom Advertising. Para muchos profesionales, esto no es solo un cambio de organigrama: es un duelo simbólico, porque se transforman identidades, culturas y relatos que marcaron generaciones.
Más allá de los titulares, esta fusión confirma algo que ya veníamos sintiendo hace tiempo: hoy no hay creatividad competitiva sin datos, ni medios relevantes sin tecnología y sin inteligencia artificial. El nuevo grupo se presenta menos como un conjunto de agencias y más como una plataforma integral de marketing, donde conviven creatividad, medios, comercio, CRM, consultoría, analítica y una fuerte apuesta por la IA y la unificación de datos.
En paralelo, el mercado entra en la era del superholding. Ya no se trata solo de grandes grupos compitiendo entre sí, sino de una concentración de escala sin precedentes, frente a la cual otros jugadores como Publicis, WPP, Dentsu o Havas deberán reaccionar con nuevas alianzas, adquisiciones o apuestas tecnológicas más agresivas. Esto redefine la geopolítica de las cuentas globales: más inversión en menos manos y más poder de negociación frente a medios y plataformas.
Lo que estamos viviendo no es solo una reestructuración del negocio. Es, en el fondo, una reconfiguración profunda de cómo se organiza, se piensa y se ejecuta hoy la industria de las comunicaciones a nivel mundial.

Capalbo, NIño, Orozco y Rojas son algunos de los líderes que tendrá OMG en la región.
Qué significa para Latinoamérica
Aunque esta decisión se cocina en Estados Unidos y Europa, Latinoamérica está lejos de ser un actor secundario en esta historia. Por el contrario, hoy ocupa un lugar cada vez más estratégico dentro del nuevo ecosistema que surge tras la integración de Interpublic Group en Omnicom. La fusión incorpora directamente a la región redes como McCann, FCB, MullenLowe, IPG Mediabrands y Weber Shandwick, fortaleciendo el footprint latinoamericano especialmente en creatividad, medios y health. No es casual: el propio desempeño del grupo ya venía mostrando a Latinoamérica creciendo por encima de otras regiones, confirmando su peso estratégico dentro del negocio global.
Para nuestra región, este nuevo escenario trae luces y sombras. Por un lado, más escala y más herramientas: acceso a mejores plataformas de datos, inteligencia artificial, medición, performance y retail media. Por otro, una mayor presión sobre los equipos locales, con impactos en talento, estructuras y liderazgos producto de los procesos de integración y eficiencia. También veremos una reconfiguración de las redes locales, con nuevos modelos de gobernanza, rebrandings internos y ajustes operativos.
Pero junto con todo esto, se abre una oportunidad muy potente para las agencias independientes latinoamericanas. Muchas marcas medianas y locales no quieren perderse dentro de un mega-holding global y comienzan a buscar socios más cercanos, más ágiles y con mayor involucramiento senior real. Y el talento que hoy sale del sistema Omnicom–IPG puede convertirse en un verdadero motor de renovación para nuevos proyectos, consultoras boutique, hubs de innovación y modelos colaborativos que ya están tomando fuerza en nuestra región.
En ese cruce entre concentración global y creatividad local es donde, probablemente, se empiece a escribir el próximo gran capítulo de la industria en Latinoamérica.
Zoom en Chile: ¿qué cambia en nuestro ecosistema?
Chile es un mercado pequeño en volumen, pero muy sofisticado en creatividad, data y adopción tecnológica. Y por eso, esta megafusión nos toca de cerca, en varias capas al mismo tiempo. Veremos, primero, una reorganización de las redes globales presentes en el país: integración de equipos, cambios de liderazgo, ajustes de marca y nuevas gobernanzas. Para muchos clientes esto no será neutro. Marcas que hoy trabajan con redes históricamente ligadas a IPG pueden pasar, casi de un día para otro, a operar bajo el paraguas Omnicom, con nuevas reglas del juego. Otro eje clave es el talento senior. Chile ya vive una competencia intensa por planners, creativos, data scientists y especialistas en performance, social commerce y retail media. Cualquier ajuste en los grupos globales libera talento de altísimo nivel que rápidamente puede ser absorbido por agencias independientes, consultoras, startups martech, compañías de retail media o incluso por marcas que están apostando fuerte al modelo in-house. Esto tensiona el mercado, sí, pero también lo renueva y lo enriquece.
En la relación con los clientes multinacionales veremos movimientos en dos direcciones. Algunas marcas buscarán simplificar proveedores y concentrar creatividad, medios y data en un solo holding. Otras, en cambio, sentirán más valor en trabajar con socios locales, cercanos, con equipos senior realmente involucrados y sin conflictos de interés entre categorías. Y hay un punto especialmente sensible: el espacio para el propósito, la diversidad y la inclusión. Cuando la presión por capturar sinergias de costos es tan grande, existe el riesgo real de que temas como DEI, sostenibilidad, cultura y bienestar queden relegados frente a la eficiencia. Justamente ahí se abre una oportunidad enorme para laboratorios, consultoras y agencias locales que trabajan la comunicación responsable y el activismo corporativo como parte estructural de su propuesta de valor, y no como un anexo.
Es en ese equilibrio entre reordenamiento global y sensibilidad local donde Chile, aun siendo un mercado pequeño, vuelve a demostrar que puede jugar un rol estratégico en la conversación regional y global.
La oportunidad para las independientes (y para un modelo más humano)
Mientras los gigantes se fusionan para ganar escala, eficiencia y poder de negociación, en paralelo emerge con fuerza otra forma de hacer industria. Una que no compite por tamaño, sino por sentido, cercanía y profundidad. La vemos en hubs colaborativos livianos y ágiles, en laboratorios de comunicación que ponen la diversidad, la ética de los datos y el impacto social en el centro del negocio, y en ecosistemas desde Latinoamérica, para audiencias latinoamericanas, con códigos propios.
Hoy la gran pregunta ya no es solo cómo competir contra un superholding, sino qué podemos hacer que un superholding no puede hacer igual de bien: estar cerca de la realidad de barrios, comunidades y pymes; diseñar mensajes desde la interculturalidad local y no solo desde la adaptación de guidelines globales; trabajar la comunicación “con nombre y apellido”, con equipos senior conectados con personas reales; y sostener, de verdad, la coherencia entre discurso y práctica en diversidad, equidad e inclusión, sin que se transforme en un simple capítulo del reporte ESG.
Ahí está hoy la verdadera fortaleza de las agencias independientes: no en la escala, sino en la humanidad del vínculo; no en la estandarización, sino en la sensibilidad cultural; no en la distancia, sino en la proximidad con los problemas y con las personas. En una industria cada vez más concentrada y automatizada, ese puede ser el valor más escaso… y más estratégico de todos.
Y todo esto ocurre en medio de un contexto profundamente humano. Nada de lo que vivimos es abstracto. No son solo fusiones, cifras o estructuras: son personas. Personas que hoy están siendo desvinculadas y que no son un número en una planilla. Son nuestros amigos, colegas, compañeros de ruta. Con muchos de ellos compartimos madrugadas de pitch, campañas, fracasos, aprendizajes, festivales y crisis. Por eso este momento no se vive solo como un fenómeno de mercado: se vive como un remezón emocional y profesional. En esta disrupción, la humanización no puede ser un discurso bonito. Tiene que ser una práctica diaria. Humanizar es acompañar, recomendar, abrir puertas, compartir oportunidades, sostener redes. Porque hoy le toca a una parte del ecosistema, pero mañana nos puede tocar a cualquiera.
Creo profundamente que este momento, tan duro para muchos, también puede ser un punto de inflexión para construir una industria más solidaria, más humana, más consciente de su impacto y más colaborativa que fragmentada. Desde las agencias independientes, los laboratorios, las consultoras, las marcas y los espacios de formación, tenemos una responsabilidad enorme: no dejar a nadie solo en este proceso.
Las estructuras cambian. Los logos se transforman. Los holdings se fusionan. Pero lo que realmente sostiene a esta industria, ayer, hoy y mañana, son las personas. Y mientras sigamos creyendo en eso, mientras sigamos conectados, acompañándonos y creando juntos, siempre habrá futuro para la comunicación.
Por Carolina Pinheiro / CEO Inbrax y Directora AMDD
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